Posteado por: mortiziia | Enero 5, 2007

Funcionalismo y pragmática

En paralelo a Chomsky y la amalgama de corrientes generativistas que su pensamiento suscitó, otros lingüistas, individual o colectivamente (la Escuela de Praga, por ejemplo), desarrollaron teorías o simplemente ideas a partir de supuestos totalmente diferentes a los de las dos grandes corrientes formales, Estructuralismo y Generativismo. Son formales porque sólo se fijan en la lengua y en la competencia respectivamente, en cómo generar el código rígidamente una y en cómo describirlo en rígidas estructuras la otra, olvidando ambas un pequeñísimo detalle: el lenguaje, con o sin dos caras, sólo existe en la comunicación, cuando se usa. Existe la lengua porque hablamos. Existe la competencia porque hablamos. Si no se acepta el habla como objeto de estudio científico, ¿dónde empieza el objeto de estudio? ¿Dónde empieza la lengua y termina el habla? Hablamos, aun sin saber si decimos adjetivos o pronombres, determinantes o verbos, sin saber si nuestros enunciados son agramaticales. Je boire veux. Drink I want. Hachu ja bylit’. Io bevere voglio. Will trinken ich. Cuando aprendes un idioma es probable que ordenes los elementos de esa estructura rígida de forma incorrecta. No generas tus frases aplicando la gramática universal que llevas en el cerebro (hay casos y casos; yo soy un caso extraño, y algún día os contaré el motivo). Sin embargo, los hablantes de las otras lenguas entenderían del mismo modo que tienes sed.

Los llamados lingüistas funcionalistas parten de la base de que no tiene sentido describir una realidad esencial del lenguaje que no tenga nada que ver con lo que sucede realmente al utilizarlo. Nadie puede negar que existe un componente individual, que está relacionado con ciertas configuraciones cerebrales. Ni que existen rígidas estructuras en cada lengua, que son las que nos permiten decir, al escuchar un enunciado agramatical, el “eso es incorrecto”, incorrecto porque no cumple las reglas, pero el lenguaje tiene unas características que se comparten con otros fenómenos de tipo social y cognitivo, no es algo apartado y único, no es algo autónomo. El cerebro debe asociar de manera muy estrecha la capacidad lingüística y esos otros fenómenos. Las estructuras lingüísticas tienen que estar íntimamente relacionadas con el modo en que se usan y las exigencias de la comunicación. Las corrientes formales eliminan las características “humanas” del lenguaje, que es un fenómeno natural, impreciso, vago. Comparando el lenguaje con el cerebro, donde está alojado, sería como si en medicina dividiesen “cerebro”/”mente” y se tratasen únicamente las patologías del cerebro, sin fijarnos en las repercusiones cognitivas que las enfermedades cerebrales conllevan, esa otra cara de la moneda.

Los funcionalistas abandonan la lógica formal tradicional y buscan otros métodos científicos… porque no quieren perder el estatus que Chomsky consiguió para la lingüística: es la obsesión de todas las disciplinas sociales, ser consideradas “ciencias”, a secas. Aparecen muchas, muchísimas subdisciplinas lingüísticas partiendo de que el lenguaje es principalmente el uso que del mismo se hace y que su función es permitir la comunicación. Os voy a contar, por ejemplo, la Pragmática, la más ligera de todas y sobre la cual recae el mayor peso de los principios funcionalistas.

La Pragmática estudia la diferencia entre lo que el hablante literalmente dice y lo que el hablante ha querido decir con la secuencia lingüística emitida. Rebuscado, ¿verdad? Los actos lingüísticos surgen de algún tipo de intencionalidad. El hablante ajusta su actividad lingüística a la obtención de algún objetivo de comunicación, y el oyente, si es competente, debe ser capaz de reconocer la intención de la emisión. Para ello es imprescindible el contexto: todo acto comunicativo se da en un “universo de conocimiento” compartido por el emisor y el receptor. El contexto se forma de cosas como los papeles sociales, la situación en el espacio y el tiempo, las relaciones existentes entre los participantes en la comunicación, las creencias de estos, etc. Las formas lingüísticas son indeterminadas: solo aportan contenido si se encuentran ancladas en un contexto, que es el que completa su significado. Si yo digo: “Está en fuera de juego” y tú no sabes de fútbol, habrás entendido perfectamente todas mis palabras, como hablante de la misma comunidad lingüística, pero ¿a qué o quién me refiero y qué pretendo con mi emisión? El contenido subyacente al enunciado es mucho más amplio de lo que su significado denotativo nos dice tras un análisis formal completo. La distinción entre Semántica y Pragmática es difícil de determinar. Lo que estudia la Pragmática se escapa de la estructura de significado de la lengua, del dominio de la semántica. En una fiesta:

A: -¿Tú sabes qué hora es?

B: -Nos vamos cuando quieras.

No hay nada semántico en el enunciado de A que haga prever la respuesta de B. Pero B ha entendido la intención de A. Esta inferencia hecha por B se llama implicatura, y es independiente de las estructuras lingüísticas formales: a veces, el vacío existente entre lo que se deja de interpretar semánticamente y lo que hay que interpretar pragmáticamente es enorme. La tendencia más extendida es la de considerar pragmática y gramática como materias complementarias: la primera se ocupa de los principios de uso y la segunda del sistema abstracto y formal. De nuevo con las dualidades, los pragmáticos pretenden que esta distinción gramática/pragmática se equipare a las ya famosas de lengua/habla y competencia/actuación, y que la segunda parte de la dualidad se tenga en cuenta también en el análisis. Los enunciados sujetos a análisis formales suelen ser irreales o forzados, creados artificialmente para eliminar parte de lo que un discurso natural puede ofrecer. El silencio, por ejemplo, que es un hecho lingüístico productor de significado… y cuántos significados puede tener un silencio, amigos. Todo acto lingüístico nos hace destinatarios de nuestra propia emisión, lo que puede hacernos reflexionar sobre el propio discurso (cómo he dicho lo que quería decir en realidad), técnica que se utiliza en el psicoanálisis, por cierto.

La Pragmática tiene sus raíces en la Filosofía, y aunque pretende ser considerada tan científica como las corrientes más formales… puedes clasificar los fonemas de una lengua, pero dime cómo clasificas todas las intenciones humanas en la comunicación. Al menos su objetivo es hacerse con cierto prestigio en el mundo académico, estudiando de forma rigurosa lo que nadie había hecho hasta ahor: incluir al hablante en el propio acto de hablar. Tal y como dijo Saussure, cada ciencia crea su objeto, y la Pragmática sigue en vías de delimitarlo. Los filósofos del lenguaje, precursores de los pragmáticos, sostienen que la correspondencia entre lo que hablamos y cómo lo hacemos debería ser sistemática y previsible (”hablar es hacer”). Searle y su teoría de los actos de habla tratan más a fondo el tema de los enunciados que “hacen”. Otros actores muy influyentes en Pragmática son, por ejemplo Austin, Grice o Leech. Austin es especialmente cachondo, ya que introduce el concepto de “felicidad lingüística”… pero esa es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

Respuestas

[...] alegróume a tarde hoxe. Austin é especialmente cachondo, xa que introduce o concepto de “felicidade lingüística”… pero esa é outra historia, e deberá ser contada en outra [...]

Enhorabuena ¬¬

No tengo experiencia en la linguistica, estoy empezando en el campo. Me ha interesado este artículo y por lo que veo, estás haciendo una diferencia de la pragmática de la linguistica o gramática. Podrías explicarme por favor, si es entonces que la pragmática ha sido una influencia en los enfoques metodologicos de la enseñanza por encima del rol que ocupa la gramática?

nada que ver con esto

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